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martes, 29 de junio de 2010

La selección española ya está en cuartos del Mundial

OCTAVOS

1-0 a Portugal


La selección española ya está en cuartos del Mundial porque su mejor versión apareció en la noche adecuada. Eso es tanta puntería como la de David Villa, un delantero que ya ha entrado por derecho en las mejores páginas. Su decisión y sus ganas de comerse el mundo mantienen un sueño que, ahora sí, vuelve a parecer legítimo. [Narración y estadísticas] [¿España o Paraguay?]
Ni asomo de duda alguna en el amanecer del encuentro; como cuando la guapa arranca su cochazo mirando al tendido: chispa potente, sonido furioso y a correr. Firme. Seguro. No importa el gasto porque para eso se tiene un cochazo. Torres, saliendo de izquierda a derecha, desde la esquina del área grande: tirazo enroscado, paradón de Eduardo. De ésas le salió alguna que otra al madrileño en el Liverpool la pasada temporada. Inmediatamente después, quizá un minuto, Villa, lo mismo, pero abajo, rasa y seca al palo izquierdo; de nuevo, buena parada de Eduardo. Portugal parecía un equipo muy pequeño y Ronaldo se desesperaba sin balón. El 'crack' del Madrid, cambiando de una a otra banda, se desesperaba pidiendo a los suyos que no recularan.
Sufrimiento antes del descanso
España pudo haber amasado mucho más deprisa el partido, pero sorprendentemente dejaba que el tiempo se fuera alineando en su contra. Con pases cortos a veces muy forzados en el centro del campo, le llegó a proporcionar dos oportunidades a Portugal, incapaz en apariencia, pero dispuesta a aprovechar los regalos. Por la banda derecha, a la altura del centro del campo, España sufría de lumbago. Hasta tres veces, las mismas paredes pudieron costar caras. Pasaba el tiempo y las imágenes se iban haciendo más claras: Iniesta y Villa estaban perfilados; el resto de la organización divagaba sin pena, pero sin gloria. Ya no había duda: la prudencia había matado a la estrella de chispa, de esa maravillosa locura que llevaba pintando a España de mil colores tanto tiempo. Puede que fuera lo más correcto para un Mundial, pero no lo más dañino para el rival.
Estaba claro que a España se le había puesto cara de señora. Más madura, más cabal. Suya fue la primera parte, pese a que se podía haber ido en bancarrota si Casillas no interviene en dos acciones, una de ellas facilitadas por el argentino Baldassi. A Casillas le empujaron en un intento de despeje en su área pequeña, pero tararí que te vi portero. ¿Ronaldo? Sí seguía en el campo, hundido por un planteamiento que retrataba a un entrenador con más miedo que vergüenza.
Torres da paso a Llorente
Torres, que apenas está para poco este verano, dejó su sitio a Llorente. El navarro tuvo la primera, y ese cabezazo raso a quemarropa fue el preludio de una oleada de decisión, de que la pelota es nuestra y os vais a enterar. Hartos de jugar a nada, a ministros de Economía en crisis, España desempolvó sus libros de fútbol de los dos últimos años. Xavi rescató su capa del arcón, y ya estaba. De memoria empezó a salir todo. Daba gusto. ¡Por fin daba gusto! Y así llegó el gol, con la imaginación de los niños: Iniesta al área rasita, Xavi la pisa y la desplaza casi con un salto de ballet, y Villa, ¡cómo te queremos Villa!, mató de dos disparos.
Y ahí no se pararon porque estaban encantados de haberse descubierto de nuevo. Ramos rozó el segundo porque España ya salía desde atrás ligera de miedos, sin GPS que le indicara cómo llegar más segurito. Porque los atajos de esta España que celebró sus dos años de Eurocopa son rutas de placer. ¿Pero dónde estaba el segundo gol? A falta de un cuarto de hora, el marcador parecía un error. Villa, a lo suyo, que es de lo mejor del mundo. Ricardo Costa le pegó por arriba y por abajo, y ni con esas. El '7' era el rey. La sensación, por fin, parecía clara: España por primera vez jugaba como entrena, y eso es decir muchísimo aquí en Sudáfrica.
La impotencia portuguesa hubiera producido hasta lástima si no hubiera sido por la paleta de patadas que empezaron a dar. Ni con ésas. El partido caminaba a su fin y a Cristiano sólo faltaba llamar a Casillas para firmar la rendición. "¡Fuera!, ¡Fuera!", les gritaba el portero español a sus defensas para sacarles del área. Llorente la volvió a tener, y de cabeza, porque Villa está en estado de gracia. Ovación para él en su salida del campo. Cuatro goles le contemplan. Un espectáculo en movimiento. Un segundo más tarde, llegó lo que tenía que llegar, la expulsión del más macarra de la noche, Costa. Ahora aguarda Paraguay. El gran sueño sigue vivo. Mucho más vivo que nunca.
http://www.elmundo.es/mundial/2010/2010/06/29/espana/1277832092.html

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