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domingo, 23 de mayo de 2010

Bernat Soria, director del Instituto de Bioingeniería de la Universidad Miguel Hernández

BERNAT SORIA

“Si pensase que un embrión es un ser humano, no podría investigar”
Bernat Soria, director del Instituto de Bioingeniería de la Universidad Miguel Hernández, se ve obligado a salir de España para investigar con células madre con las que pretende curar la diabetes.
Está en el centro de la última polémica científica en España. Su pretensión de utilizar células madre de embriones humanos para luchar contra la diabetes ha sido denegada por el Gobierno. Bernat Soria recibe a MUY en su laboratorio de Alicante para hablar de su proyecto científico:“Estoy convencido –dice– de que en España al final se va a aprobar el uso de células madre embrionarias, aunque con dos o tres años de retraso”.
–¿Y eso qué supondrá?
–Pues que, una vez más, perderemos el tren.
–Pero los enfermos españoles se beneficiarán igualmente de esos avances, se realicen en España o no.
–Bueno, habría que verlo. La situación actual de los trabajos en células madre embrionarias humanas es de alegalidad. Si hubiera una norma que los ilegalizase, los prohibiese directamente, las consecuencias que se derivasen de estos hallazgos también serían ilegales.
–No parece que ése vaya a ser el caso...
–No. Al final se legalizará, pero tarde y tendremos que pagar más por esos avances. Quien no es capaz de desarrollar tecnología tiene que pagar la que otros desarrollan. Y en este caso es posible que se trate de tecnología hecha por españoles, pero fuera de España y que, por ende, los españoles tendrán que pagar.
–¿En qué estado se encuentra actualmente su investigación?
–En una de las líneas del laboratorio utilizamos células madre embrionarias de ratón. En los últimos dos años hemos publicado un grupo de trabajos en los que mostramos que se puede ir desde una célula embrionaria pluripotencial hasta una célula que produce insulina. Con estas células podemos curar la diabetes a los ratones. En este momento tenemos varios protocolos en los que de forma bastante sistemática se consigue un 100 por 100 de células que producen insulina y en unas concentraciones que son entre el 5 y el 10 por 100 de la normal. Estamos lejos de la solución, pero hemos dado un paso importante.
–¿Y estos datos pueden reproducirse en humanos?
–Por supuesto. Es precisamente por eso porque hemos conseguido protocolos de éxito en ratones, por lo que pensamos trasladar el trabajo a células similares, pero humanas.
–Y ahí es donde se para el proyecto...
–Sí, para ese trabajo teníamos una financiación de la Juvenile Diabetes Foundation de cerca de 600.000 euros. Pero una vez que aparecen nuestros primeros problemas en España, el proyecto se cancela definitivamente y tomamos la decisión de sacarlo al extranjero.
–¿Una vez traslade su laboratorio a otro país, qué camino seguirán sus investigaciones hasta lograr una terapia en el mercado contra la diabetes?
–En un plazo de 3 a 5 años podríamos disponer de células que produzcan insulina y la liberen de forma regulada. Si todo eso se hace conforme a los controles que la FDA estadounidense exige para la terapia celular, dispondríamos de un material que sería similar a las células beta procedentes de donantes y se podrían hacer trasplantes. Los pasos a dar serían los mismos que en el resto de las terapias. Así podríamos empezar a hacer ensayos siempre que el riesgo que se derive de esa propuesta sea inferior al riesgo vital del propio paciente. El primer grupo de candidatos tiene que ser gente cuyo riesgo vital sea muy alto.
–¿Qué ventajas tendrá el uso de células madre embrionarias frente a otras terapias como el trasplante de islotes de donantes adultos o de cadáveres o las terapias moleculares contra la diabetes?
–Cuando lo que falla es una molécula, al paciente se le puede dar otra molécula para compensar la carencia. Pero en el caso de enfermedades como la diabetes, el párkinson u otras neurodegenerativas, lo que nos falla es un tipo de células que ha desaparecido, en este caso, células productoras de insulina. Por eso, hay que reemplazarlas. Todos los demás tratamientos son meramente paliativos.
–Pero se pueden trasplantar células de donantes. ¿Por qué acudir a un embrión?
En los trasplantes estamos limitados siempre por el número de donantes. En el caso de la diabetes, incluso en España, que es número uno del mundo en donación de órganos, podríamos contar con unos 1.300 páncreas al año. Esto significa en términos realistas unos 200 trasplantes. Pero en nuestro país tenemos 100.000 diabéticos de tipo 1 y más de 2 millones de diabéticos de tipo 2. Nunca tendremos suficientes órganos para un trasplante de donante: tenemos que ser capaces de hacer células in vitro.
–Se puede hacer, pero no sólo con células embrionarias, también con células de adulto...
–Las células madre pueden proceder de embriones, de feto o de adultos. La gran diferencia entre unas y otras es que la capacidad de expansión y diferenciación de las embrionarias no la tienen las del adulto. Por eso, ciertos avances que se han logrado con embriones no han podido conseguirse con los otros tipos.
–¿De dónde obtendría las células madre embrionarias?
De los 35.000 embriones de una a dos semanas obtenidos en España como sobrantes de procesos de fertilización in vitro.
–¿Y esos embriones sobrantes no se podrían volver a implantar en mujeres infértiles?
–El proceso de congelación no es inocuo. Nosotros estamos todo el día congelando y descongelando células y sabemos que es muy difícil que adquieran la vitalidad que tenían previamente. Se calcula que un 15 por 100 de los embriones que están congelados se podrían “arrancar” de nuevo. Como médico, creo que la posibilidad de aborto o, lo que es peor, de malformaciones es tan alta que implantar embriones congelados hace más de 5 años no sería ético. El 85 por 100 restante ha muerto ya. Es decir, cuando se habla de “dejar los embriones tranquilos” se comete un gran error: en realidad, al estar congelados se están muriendo poco a poco. La parálisis legislativa al respecto que consiste en no hacer nada con ellos, ya es hacer algo: es dejar que se mueran. Según ciertas personas, esa alternativa es más ética que permitir que las células sirvan para salvar enfermos...
–¿Con 35.000 embriones habría bastante o tendría que acudirse a la clonación terapéutica?
–Serían suficientes, pero serán células que propiciarán alotrasplantes, es decir, transplantes de donantes extraños con los riesgos de compatibilidad que ello produce. La única forma de tener un autotrasplante es la clonación terapéutica, no ser que se avance mucho en materia de inmunosupresión para evitar los problemas de rechazo.
–¿Ha recibido presiones para cambiar su investigación?
–Simplemente se me ha prohibido.
–¿Nadie le ha sugerido que sería mejor que utilizara células de adulto?
–He recibido muchas comunicaciones verbales y se me ha dicho que no puedo seguir haciendo mi trabajo. Pero nada por escrito.
–¿Comunicaciones verbales, a qué nivel?
–Procedentes del Ministerio de Sanidad en las que se me comunica cuál es la interpretación que este Ministerio hace de la legislación actual.
–¿Hay alguna diferencia entre el trato que recibe desde el Gobierno de la nación y el que le da el Gobierno Autónomo valenciano?
–Sí. La Comunidad Autónoma valenciana es más progresista claramente en estos temas.
–¿Quién debe poner los límites a este tipo de investigaciones?
–Cualquier investigación debe tener el límite que se señale en los comités de ética. La ciencia no avanza a golpe de Código Penal.
–¿Y quién forma esos comités?
–Expertos en ética, juristas, médicos y legos, gente de la calle...
–¿Usted comprende que haya ciudadanos que estén dispuestos a padecer diabetes de por vida, incluso a morir, antes que a renunciar a sus principios éticos que les hacen repugnar el uso de embriones porque los consideran seres humanos?
Comprendo que eso exista, pero no conozco a nadie. No es lo mismo opinar sobre ética cuando se padece la enfermedad...
–Algunas asociaciones de minusválidos de EE UU han pedido que no se trabaje con embriones humanos porque no se sienten tan desesperados como para renunciar a sus creencias religiosas en pos de una curación...
–Bien, lo respeto. Pero pensemos en otros casos... En los padres de un niño con diabetes, que saben que su hijo va a ser diabético toda su vida, que puede entrar en coma o morir, que va a tener una adolescencia muy difícil porque los adolescentes se rebelan contra el mundo y, en ese caso, se rebelará contra su enfermedad... Esos padres construyen su ética de otra forma, sin duda.
–Pero usted no puede asegurar a esos padres que el uso de células embrionarias pueda curar a su hijo...
–Todavía no, aunque si no investigamos con ellas, no lo sabremos.
–¿Existe consenso científico sobre el uso de estas células?
–La ciencia no funciona a base de consensos, sino con datos de laboratorio. Aun así, hay casi una unanimidad a la hora de justificar el uso de células madre.
–Y el consenso ciudadano se antoja difícil porque es asunto de creencias religiosas.
–Es mucho más complejo. Pero tenemos algunos ejemplos, como la legislación sobre el aborto, en los que la Ley no es restrictiva y logra altas dosis de acuerdo.
–¿Qué es para usted un embrión humano?
–Un grupo de células que implantado y anidado en el útero puede acabar siendo un ser humano. No es un ser humano, ni es un ser humano en potencia porque si no se encuentra en el útero ni recibe factores epigenéticos no se va a desarrollar. Pero sí es un grupo de células que merece un estatus especial. No es como cualquier otro grupo de células. Debe haber leyes que regulen qué se puede hacer con ellas. Pero no porque ya sean un humano, sino porque lo podrían ser. Si yo pensara que ese grupo de células es un ser humano no podría investigar con ellas jamás.
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