Lo que significa Katyn
“Es una tragedia inimaginable, una desgracia inconcebible”. Es la voz de Lech Walesa, uno de las mayores autoridades morales de nuestro tiempo, la que así se pronunciaba a propósito de la muerte en accidente de avión del presidente de Polonia, Lech Kaczynski, y de buena parte de los prohombres del país.
“Es una tragedia inimaginable, una desgracia inconcebible”. Es la voz de Lech Walesa, uno de las mayores autoridades morales de nuestro tiempo, la que así se pronunciaba a propósito de la muerte en accidente de avión del presidente de Polonia, Lech Kaczynski, y de buena parte de los prohombres del país.
“Hace setenta años, en Katyn, los soviéticos acabaron con las élites polacas. Hoy, la élite polaca ha muerto cuando acudía a rendir homenaje a los fallecidos”. En estas palabras de Walesa, pronunciadas en la trágica mañana de ayer, parece retumbar la historia, y no sólo la siempre sufrida y heroica historia de Polonia, sino la historia de las naciones y los hombres que, sojuzgados por la tiranía del comunismo, escribieron una de las mayores gestas de la libertad. Walesa también resume el sentido de piedad que les debemos a Kaczynski y sus acompañantes al recordar que se dirigían a Katyn “a rezar” ante las tumbas de los dirigentes polacos asesinados por órdenes de los comunistas Stalin y Beria.
La compunción por la muerte del presidente de Polonia ha sido, de momento, y salvo algunas excepciones, vivísima y ejemplar, por la percepción universal del simbolismo de la conmemoración de Katyn y la trágica coincidencia de la muerte de Kaczynski con el previsto homenaje. El accidente ha de ser investigado pero guárdense, por el momento, las teorías de la conspiración: es obvia la constatación histórica del dolor de Polonia a propósito de Rusia, pero el accidente, con toda probabilidad, ha tenido más que ver con la austeridad de una administración que no gastó en renovar sus aviones, o con el mal estado reconocido del aeródromo, que con historias de servicios secretos.
Y es que, aun con la conmoción y el duelo, la Polonia de hoy, precisamente por hombres como Kaczynski y Walesa, posa ante el mundo como un país de admirable solidez institucional y modelo de modernización y crecimiento que no ha renunciado a los valores que siguen presentes en la Polonia actual, para lección de una Europa que ha claudicado en su defensa.
La dolorosa experiencia histórica de Polonia –ese dolor que la hizo patria de héroes y poetas– fijó en los polacos el apego a esos valores, sin los cuales su vieja nación hubiera dejado de existir. Las campañas de desprestigio de la izquierda internacional contra Kaczynski no le hicieron tambalearse en la defensa de unas ideas probadas ante el fuego del totalitarismo de izquierdas. Miembro de Solidaridad, Kaczynski participó como pionero en el proceso que culminaría con el derribo del Muro de Berlín. Hoy es un momento de grave homenaje a esos hombres y a esas ideas, de solidaridad intensa hacia la sufrida Polonia que, sin duda, volverá a alzarse de los reveses de la historia. Y es también un momento para recordar la memoria de la matanza de Katyn, una de las mayores ejecuciones en masa de la historia, un genocidio de 22.000 hombres polacos, prisioneros de guerra, oficiales, intelectuales, clérigos: la flor del país, masacrada por el comunismo feroz de Stalin. Y es el momento de recordar esa auténtica memoria histórica de la libertad masacrada por una izquierda que no sólo no rindió su justo tributo a los mártires de Katyn, sino que ha hecho todo lo posible para ocultar lo acontecido, hasta el día de hoy. Que la muerte de Lech Kaczynski y sus acompañantes sirva para mantener encendida la llama de la libertad que, gracias a Polonia, alumbró sobre Europa.
http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/opinion/lo-que-significa-katyn

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