El drama de Artemisa: 'No seré siempre la hija de los desaparecidos...'
Dos años después de la desaparición en Ciudad Juárez, Chihuahua, de
su madre, tres tíos y un primo; Artemisa, lucha cada segundo por asumir
su situación...
Así, tras llorar cada noche y luego soñar que su madre volvía, llegó un momento en que se dijo, "ésta es mi realidad, ¡zas! No está bonita, apesta, pero esto no me define, no es lo que soy, no voy a ser siempre la víctima y la hija de los desaparecidos, yo tengo que hacer mi vida. Sí, me robaron paz, mucha, pero a la vez, aunque parezca contradictorio, decidí vivir con tranquilidad, me quitaron todo y no voy a permitir que me quiten nada más".
Y añade: "Porque no tenga un lugar físico donde sepa que está mi madre y mi familia, no quiere decir que no sea real. Como está el país, las probabilidades de que haya muerto son casi totales, esa gente no se anda con medias tintas".
Aunque reconoce que es una herida que siempre va a estar abierta, precisamente porque no hay un entierro, que es un ritual muy importante para el ser humano, en donde la mente asimila que esa persona está muerta.
Artemisa, hija única, recuerda cuando participó el pasado 10 de mayo en una marcha de madres de hijos de desaparecidos y algunos cuantos hijos con madres desaparecidas, como es su caso.
En ese acto, relata, la activista Rosario Ibarra, nos decía '¡Vivos se los llevaron, Vivos los queremos. No los dejen ir, no los den por muertos, no se den por vencidas!'; la escuché y pensé: yo no puedo hacer eso, no puedo vivir toda mi vida pensando que la voy a encontrar a la vuelta de la esquina".
Abogada de 30 años, recuerda cuando su mamá, a quien consideraba su alma gemela, y dos tíos salieron a buscar a un cuarto hermano y un primo que habían desaparecido cinco meses atrás, pero ese mismo día, todos desaparecieron, "sé que fue un acto de amor de acompañar a su hermano, pero le costó la vida".
En este marco, admite que a diferencia de su madre, ella ha enfrentado la pérdida de manera diferente. "Mientras yo decidí decir hasta aquí, mi mamá, en el caso de mi tío, no se daba por vencida, lo iba a seguir buscando hasta el fin y no hubiera soportado vivir sin mis otros tíos, si creo que fue lo mejor en ese aspecto, eran su todo también, tanta era su devoción que se fue con ellos. Yo creo que esta fuerza en mí, es algo que yo no me esperaba. Creo que ella desde donde está, me sostiene".
"Estoy segura de que en su último pensamiento estuve yo". A veces veo las películas de Hollywood, como 'Búsqueda implacable' donde una chica es víctima de trata y el padre la busca, mata a todos y la rescata... "Y si eso fuera real, pienso, por qué no hice eso, pero luego te pega la realidad, no tienes recursos, ni los contactos, ni la sangre fría para ello. Además, ¿hasta dónde iba a llegar yo por una cadena de eventos desafortunados por encontrar algo que no sé?".
Nunca supo quien se llevó a mi familia, "tuve una idea pero nunca les puse cara". Si embargo, "a los funcionarios del Gobierno del Estado les tengo mucho odio, y de verdad les deseo que la vida les regrese todo lo que hicieron porque me canalizaron con un comandante que luego se supo que estaba involucrado en estos temas y al final lo mataron. Me expusieron a mí y a mi tía anciana, nos vieron la cara de supuesta compasión y no fue así, a ellos si les tengo mucho coraje, quizás porque recuerdo su rostro, los veo y me causa mucha molestia".
"Cuando me enteré que en días pasados, los Gobiernos de Chihuahua y Michoacán, pagaron el concierto de Juan Gabriel en Bellas Artes, lo sentí como una burla, porque luego el gobernador se pone a decir que bajaron los secuestros, que ya no hay desapariciones forzadas", añade.
Sin embargo, cuando pusieron la denuncia en Chihuahua, fueron a amenazar al resto de su familia porque querían la quitara y dejara de buscar, pero... "¿por qué se enteraron los delincuentes de la denuncia?, se pregunta Artemisa.
Artemisa recuerda con la voz entrecortada y esforzándose por no perder su sonrisa, que la última vez que habló por teléfono con su madre, un jueves, un día antes de que desapareciera, revela que su mamá, quien le hablaba diario, pues vivían en ciudades diferentes, le dijo como siempre, que la quería: "Nos repetimos que nos queríamos, gracias al buen tino que tuvo ella de ser así".
Esta joven admite que al principio estaba muy enojada con Dios. "Creo que es normal. Siento que ya hicimos las paces pero no tanto como para regresar a misa. Entendí que cuando alguien está decidido a hacer el mal, nada lo puede evitar, si alguien ya tiene en su ser hacerle el mal a alguien, lo va a hacer, y comprendí que yo si seguiré disfrutando la vida, sonriendo, disfrutando la música y el arte, de mis amigos y de mi familia futura; y quizás los asesinos creen que ganaron contra toda la gente y que sólo es un número, pero yo no creo que puedan vivir tranquilos después de todo lo que hacen, yo creo que ni la comida les sabe, que cada día es una muerte para ellos y para mí no lo es, al contrario, esto me dio la oportunidad de reinventarme".
La desilusión de esta joven mexicana llega hasta las instituciones. "Ahora sé que hay intereses. Mientras no haya vocación por defender a la gente y no al que te paga, el narco o los monopolios, las cosas no van a cambiar, porque siempre hay un interés económico. No deseo ser parte del sistema ni ser el peón de nadie".
Además, explica, nadie está atendiendo el tema espiritual. "Es una broncota aunado a lo legal: el problema que enfrentan esos niños huérfanos, las familias destrozadas... En mi caso soy yo la que ha dado la cara pero están las familias de mis tíos, sobrinos, amigas de mi mamá; todo se trastoca, son heridas profundas y hace falta que alguien te ayude a sanar".
Sobre el ajuste de cuentas que mueve a las llamadas policías comunitarias o el caso de la 'Diana la cazadora', también de Ciudad Juárez; Artemisa admite que es inevitable querer hacer justicia pero "entendí que si yo agarrara a los cabrones que mataron a mi mamá y los matara con mis propias manos, no me la iban a regresar... Incluso aunque Dios bajara y me dijera: 'tu mamá está conmigo', no me la va a regresar".
La injusticia, subrayó, siempre va a traer impotencia y no se pueden evitar los sentimientos de venganza. "Mucha gente me lo propuso, 'vamos a matarlos', y no gente 'narca', pero compartían mi rabia; hoy no justifico, pero entiendo que si el Estado no te puede proveer lo que está en el contrato que es la seguridad, es inevitable tener esa sed de justicia, y aunque las autoridades digan que no, ya han sido rebasadas".
A los culpables, "no le deseo nada menos de lo que ellos hicieron y a las autoridades, que las lágrimas que se han derramado por su ineficiencia, las paguen porque es lo justo".
http://www.elmundo.es/america/2013/09/12/mexico/1378959468.html
Así, tras llorar cada noche y luego soñar que su madre volvía, llegó un momento en que se dijo, "ésta es mi realidad, ¡zas! No está bonita, apesta, pero esto no me define, no es lo que soy, no voy a ser siempre la víctima y la hija de los desaparecidos, yo tengo que hacer mi vida. Sí, me robaron paz, mucha, pero a la vez, aunque parezca contradictorio, decidí vivir con tranquilidad, me quitaron todo y no voy a permitir que me quiten nada más".
Y añade: "Porque no tenga un lugar físico donde sepa que está mi madre y mi familia, no quiere decir que no sea real. Como está el país, las probabilidades de que haya muerto son casi totales, esa gente no se anda con medias tintas".
Aunque reconoce que es una herida que siempre va a estar abierta, precisamente porque no hay un entierro, que es un ritual muy importante para el ser humano, en donde la mente asimila que esa persona está muerta.
Artemisa, hija única, recuerda cuando participó el pasado 10 de mayo en una marcha de madres de hijos de desaparecidos y algunos cuantos hijos con madres desaparecidas, como es su caso.
En ese acto, relata, la activista Rosario Ibarra, nos decía '¡Vivos se los llevaron, Vivos los queremos. No los dejen ir, no los den por muertos, no se den por vencidas!'; la escuché y pensé: yo no puedo hacer eso, no puedo vivir toda mi vida pensando que la voy a encontrar a la vuelta de la esquina".
Abogada de 30 años, recuerda cuando su mamá, a quien consideraba su alma gemela, y dos tíos salieron a buscar a un cuarto hermano y un primo que habían desaparecido cinco meses atrás, pero ese mismo día, todos desaparecieron, "sé que fue un acto de amor de acompañar a su hermano, pero le costó la vida".
En este marco, admite que a diferencia de su madre, ella ha enfrentado la pérdida de manera diferente. "Mientras yo decidí decir hasta aquí, mi mamá, en el caso de mi tío, no se daba por vencida, lo iba a seguir buscando hasta el fin y no hubiera soportado vivir sin mis otros tíos, si creo que fue lo mejor en ese aspecto, eran su todo también, tanta era su devoción que se fue con ellos. Yo creo que esta fuerza en mí, es algo que yo no me esperaba. Creo que ella desde donde está, me sostiene".
Últimos pensamientos
Al imaginar los posibles últimos momentos de su madre, dijo estar segura de que lo primero que pensó fue '¡Chin Artemisa!'."Estoy segura de que en su último pensamiento estuve yo". A veces veo las películas de Hollywood, como 'Búsqueda implacable' donde una chica es víctima de trata y el padre la busca, mata a todos y la rescata... "Y si eso fuera real, pienso, por qué no hice eso, pero luego te pega la realidad, no tienes recursos, ni los contactos, ni la sangre fría para ello. Además, ¿hasta dónde iba a llegar yo por una cadena de eventos desafortunados por encontrar algo que no sé?".
Nunca supo quien se llevó a mi familia, "tuve una idea pero nunca les puse cara". Si embargo, "a los funcionarios del Gobierno del Estado les tengo mucho odio, y de verdad les deseo que la vida les regrese todo lo que hicieron porque me canalizaron con un comandante que luego se supo que estaba involucrado en estos temas y al final lo mataron. Me expusieron a mí y a mi tía anciana, nos vieron la cara de supuesta compasión y no fue así, a ellos si les tengo mucho coraje, quizás porque recuerdo su rostro, los veo y me causa mucha molestia".
"Cuando me enteré que en días pasados, los Gobiernos de Chihuahua y Michoacán, pagaron el concierto de Juan Gabriel en Bellas Artes, lo sentí como una burla, porque luego el gobernador se pone a decir que bajaron los secuestros, que ya no hay desapariciones forzadas", añade.
Sin embargo, cuando pusieron la denuncia en Chihuahua, fueron a amenazar al resto de su familia porque querían la quitara y dejara de buscar, pero... "¿por qué se enteraron los delincuentes de la denuncia?, se pregunta Artemisa.
Artemisa recuerda con la voz entrecortada y esforzándose por no perder su sonrisa, que la última vez que habló por teléfono con su madre, un jueves, un día antes de que desapareciera, revela que su mamá, quien le hablaba diario, pues vivían en ciudades diferentes, le dijo como siempre, que la quería: "Nos repetimos que nos queríamos, gracias al buen tino que tuvo ella de ser así".
Esta joven admite que al principio estaba muy enojada con Dios. "Creo que es normal. Siento que ya hicimos las paces pero no tanto como para regresar a misa. Entendí que cuando alguien está decidido a hacer el mal, nada lo puede evitar, si alguien ya tiene en su ser hacerle el mal a alguien, lo va a hacer, y comprendí que yo si seguiré disfrutando la vida, sonriendo, disfrutando la música y el arte, de mis amigos y de mi familia futura; y quizás los asesinos creen que ganaron contra toda la gente y que sólo es un número, pero yo no creo que puedan vivir tranquilos después de todo lo que hacen, yo creo que ni la comida les sabe, que cada día es una muerte para ellos y para mí no lo es, al contrario, esto me dio la oportunidad de reinventarme".
Cambio de perspectiva
Artemisa explica que sus sueños han cambiado completamente. Antes eran más superficiales, "yo quería una boda gigante, espectacular, con toda mi familia, ahorita ni novio tengo; y ya no me interesan esas cosas, siento que ya sin mi familia no es lo mismo; me cambió la vida mucho".La desilusión de esta joven mexicana llega hasta las instituciones. "Ahora sé que hay intereses. Mientras no haya vocación por defender a la gente y no al que te paga, el narco o los monopolios, las cosas no van a cambiar, porque siempre hay un interés económico. No deseo ser parte del sistema ni ser el peón de nadie".
Además, explica, nadie está atendiendo el tema espiritual. "Es una broncota aunado a lo legal: el problema que enfrentan esos niños huérfanos, las familias destrozadas... En mi caso soy yo la que ha dado la cara pero están las familias de mis tíos, sobrinos, amigas de mi mamá; todo se trastoca, son heridas profundas y hace falta que alguien te ayude a sanar".
Sobre el ajuste de cuentas que mueve a las llamadas policías comunitarias o el caso de la 'Diana la cazadora', también de Ciudad Juárez; Artemisa admite que es inevitable querer hacer justicia pero "entendí que si yo agarrara a los cabrones que mataron a mi mamá y los matara con mis propias manos, no me la iban a regresar... Incluso aunque Dios bajara y me dijera: 'tu mamá está conmigo', no me la va a regresar".
La injusticia, subrayó, siempre va a traer impotencia y no se pueden evitar los sentimientos de venganza. "Mucha gente me lo propuso, 'vamos a matarlos', y no gente 'narca', pero compartían mi rabia; hoy no justifico, pero entiendo que si el Estado no te puede proveer lo que está en el contrato que es la seguridad, es inevitable tener esa sed de justicia, y aunque las autoridades digan que no, ya han sido rebasadas".
A los culpables, "no le deseo nada menos de lo que ellos hicieron y a las autoridades, que las lágrimas que se han derramado por su ineficiencia, las paguen porque es lo justo".
http://www.elmundo.es/america/2013/09/12/mexico/1378959468.html

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