¿Qué hay detrás de la reforma laboral de México?
La primera reforma laboral de México en más de 40 años levanta ampollas. A debate ahora en el Senado, posiblemente se convierta en la última ley del presidente saliente, Felipe Calderón -que la ha tramitado por la vía de urgencia a dos meses de dejar el poder- y en la primera de su sucesor, Enrique Peña Nieto. Ambos la consideran un logro porque, a su juicio, generará puestos de trabajo e impulsará el crecimiento económico. Pero las protestas y las denuncias no se han hecho esperar. Y los expertos apuntan que, lo que hay en juego, es mucho más que derechos laborales.
Los partidos de izquierda argumentan que la reforma dejará a los trabajadores mucho más desprotegidos, critican el pacto PAN-PRI y algunos de sus parlamentarios incluso optaron por tomar la tribuna de la Cámara de Diputados con pancartas y gritando consignas ante las críticas de sus propios compañeros de partido. Mientras, los trabajadores y los jóvenes, sobre todo, se han echado a las calles y el martes, el día en que el texto llegó al Senado, la policía tuvo que blindar la cámara y que hasta buscó sedes alternativas para debatir el texto por si las manifestaciones les impedían trabajar.
Pero, ¿de qué se trata la reforma? Según explica el director del seminario de Derecho del Trabajo de la UNAM, Porfirio Marquet, la iniciativa pone sobre la mesa 50 temas que modifican más de 400 artículos que van desde normas contra la discriminación de la mujer o mayores sanciones por trabajo infantil hasta nuevas formas de contratación, el control de la subcontratación o cuestiones como la transparencia sindical.
Estos tres últimos temas son los más polémicos. El poder contratar a alguien por horas o a prueba ha indignado tanto a los sindicatos como al PRD, el principal partido de la izquierda, que ha propuesto que sean los diputados los contratados por horas o que se les pueda revocar su mandato (que sería el equivalente a estar a prueba).
Sin embargo, para académicos como Marquet o el director de las carreras de Economía de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey, Raymundo Tenorio, este tipo de contrataciones no tienen por qué ser perjudiciales si conllevan derechos como las vacaciones, porque lo único que hacen es regular una práctica ya vigente que ahora no tiene ningún beneficio para los trabajadores.
En esta línea, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha dicho que no cree que la reforma laboral en trámite genere puestos de trabajo, como dice Calderón o Peña Nieto, aunque sí considera que podría incrementar el empleo formal en un país donde 6 de cada 10 personas que trabajan lo hacen en negro.
Otro asunto polémico han sido los mayores controles para la subcontratación, una técnica cada vez más utilizada y de la que se ha "abusado", dice Marquet. Los empresarios han criticado el mayor control del estado y los sindicatos que un sistema que consideran dañino quede legitimado.
¿Por qué ahora?
Pero detrás de estas cuestiones, la reforma planteaba un cambio importante que el PRI bloqueó a su paso por la Cámara de Diputados: lograr una mayor transparencia en los grandes sindicatos, unas organizaciones surgidas al amparo del antiguo partido hegemónico, que están carcomidas por la corrupción y mantienen un enorme poder político no solo dentro del PRI sino de otros partidos.El PAN y el PRD han anunciado que intentarán volver a incorporar el tema a la ley durante su tramitación en el Senado, con la intención, por ejemplo, de promover el voto secreto o mayor transparencia en las cuentas, pero no está nada claro que la idea fructifique.
En cualquier caso, la utilización política de la reforma viene de todos los bandos, aseguran los analistas. "Calderón había prometido ser el 'presidente del empleo' pero no pudo así que esta reforma es una forma de justificarse" justo antes de irse, explica Raymundo Tenorio. Por su parte, para el PRI, apoyar la iniciativa ahora (aunque rechazaron una similar hace dos años) es una muestra del supuesto compromiso de Peña Nieto por el diálogo y las reformas estructurales y, a la vez, cierta garantía de que el PAN le devolverá el favor en temas futuros, comentan en privado algunos priístas.
Y desde la izquierda, muchos líderes siguen alimentando el descontento social generado por la victoria de Peña Nieto en las elecciones de julio mientras los grandes sindicatos son acusados de utilizar esta batalla para garantizar su poder y sus privilegios en lugar de defender a los trabajadores.
"Gran parte de la discusión se debe a que la gente no conoce la reforma y el tema se está utilizando políticamente", asegura Marquet quien no duda en afirmar que si se dejara de lado la política, perfectamente se podría llegar a una reforma laboral consensuada en la mayoría de los temas.
http://www.elmundo.es/america/2012/10/05/mexico/1349413965.html
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