Las israelíes bailan contra la intolerancia
Laicos y ultraortodoxos de Israel pugnan en torno al papel de la mujer en la sociedad
La brecha entre religiosos y laicos es profunda. Unos y otros enarbolan consignas sobre cuál debe ser el espacio público otorgado a las mujeres, sin desearlo, en el centro de la fricción. Muchas se sienten cada vez más acorraladas por el empuje del radicalismo religioso de los ultraortodoxos, que pretenden controlar su forma de vestir, el lugar de la calle por donde caminan o si cantan o bailan en lugares públicos o bodas. Incluso estas cuestiones se debaten con una curiosa petulancia política en el Parlamento la actual jefa de la oposición, Tzipi Livni, ha llegado a decir: “parece imposible que en pleno siglo XXI en Israel estemos aún discutiendo en qué lugar de un autobús tiene que sentarse una mujer por el mero hecho de serlo”.
Cuanto menos es sorprendente que esto suceda en el mismo país que hasta hace muy poco solía definirse como la “única democracia de Oriente Próximo”, la nación con mayor número de empresas high-tech por habitante o el país cuyas universidades siempre aparecen en la lista de las diez mejores del mundo. En contraste, también es el único Estado occidental donde una pediatra no recogía un premio hace unos meses en un centro universitario jerosolimitano de referencia por el único motivo de su género y quien tuvo además que observar cómo lo hacía su marido, co-autor del trabajo galardonado, porque así lo requería el protocolo del evento, presidido por un ultra conservador Ministro de Educación.
Más recientemente, un grupo de jóvenes extremistas religiosos escupía a una niña de 8 años por no ir vestida de acuerdo a sus cánones estéticos. “Es el extremismo más exacerbado pero esto está pasando en Jerusalén y en Israel”, aseguraba Uri Ayalon, un rabino liberal y uno de los fundadores de Yerushalmin, grupo integrado por religiosos y laicos, que esta semana organizaba en pleno centro comercial de Jerusalén una coreografía con unas cien mujeres. Así quisieron llamar la atención sobre la creciente segregación de género en la ciudad. “Hemos venido para decir muy alto que estamos aquí y que no nos vamos a callar”, decía Inbar Atmon, otra de las organizadoras del evento.
Con la música y el baile como únicas armas, estas mujeres desafiaban comportamientos como el de los nueve soldados que en septiembre se negaron a permanecer en un programa de entrenamiento porque durante su ejecución algunas mujeres cantaban, lo que según ellos, contradecía los dictados de la Torah (cuatro fueron expulsados del programa aunque uno fue aceptado nuevamente en las filas) “En el judaísmo no se dice que las mujeres no puedan cantar o bailar, sólo lo hacen los extremistas” añadía el Uri Ayalon.
Por el mismo motivo dimitía hace unos días el rabino jefe de la Fuerza Aérea israelí tras una orden dada por el Jefe de las Fuerzas Armadas, Benny Gantz, que obligaba a los soldados religiosos a acudir a todos los actos oficiales sin importar si las mujeres cantaban o pronunciaban discursos. Varias decenas de jóvenes religiosos ya han amenazado con no alistarse en el ejército hasta que no se resuelva esta situación, una amenaza intolerable para gran parte de la vieja guardia del ejército israelí, curtida en los principios del nacionalismo laico, el mismo sobre el que se fundó en 1948 el Estado de Israel.
Mientras, las mujeres alzan su voz y asisten a concentraciones auspiciadas por otras organizaciones como la norteamericana “Fondo del Nuevo Israel” que aboga por la democracia y la igualdad de todos los israelíes. En los últimos días ha distribuido pancartas con eslóganes como “las mujeres tienen que ser vistas y oídas” y ya prepara, junto a otras organizaciones no gubernamentales, nuevos eventos en varias ciudades del país. Su objetivo, combatir a los sectores más extremistas del millón de ultra ortodoxos que viven en el Estado (de una población total de casi 8 millones); los mismos que rechazan su misma existencia pero con cuyos representantes sí pactan a cambio de votos y subvenciones.
http://internacional.elpais.com/internacional/2012/01/19/actualidad/1326998961_190240.html
Cuanto menos es sorprendente que esto suceda en el mismo país que hasta hace muy poco solía definirse como la “única democracia de Oriente Próximo”, la nación con mayor número de empresas high-tech por habitante o el país cuyas universidades siempre aparecen en la lista de las diez mejores del mundo. En contraste, también es el único Estado occidental donde una pediatra no recogía un premio hace unos meses en un centro universitario jerosolimitano de referencia por el único motivo de su género y quien tuvo además que observar cómo lo hacía su marido, co-autor del trabajo galardonado, porque así lo requería el protocolo del evento, presidido por un ultra conservador Ministro de Educación.
Más recientemente, un grupo de jóvenes extremistas religiosos escupía a una niña de 8 años por no ir vestida de acuerdo a sus cánones estéticos. “Es el extremismo más exacerbado pero esto está pasando en Jerusalén y en Israel”, aseguraba Uri Ayalon, un rabino liberal y uno de los fundadores de Yerushalmin, grupo integrado por religiosos y laicos, que esta semana organizaba en pleno centro comercial de Jerusalén una coreografía con unas cien mujeres. Así quisieron llamar la atención sobre la creciente segregación de género en la ciudad. “Hemos venido para decir muy alto que estamos aquí y que no nos vamos a callar”, decía Inbar Atmon, otra de las organizadoras del evento.
Con la música y el baile como únicas armas, estas mujeres desafiaban comportamientos como el de los nueve soldados que en septiembre se negaron a permanecer en un programa de entrenamiento porque durante su ejecución algunas mujeres cantaban, lo que según ellos, contradecía los dictados de la Torah (cuatro fueron expulsados del programa aunque uno fue aceptado nuevamente en las filas) “En el judaísmo no se dice que las mujeres no puedan cantar o bailar, sólo lo hacen los extremistas” añadía el Uri Ayalon.
Por el mismo motivo dimitía hace unos días el rabino jefe de la Fuerza Aérea israelí tras una orden dada por el Jefe de las Fuerzas Armadas, Benny Gantz, que obligaba a los soldados religiosos a acudir a todos los actos oficiales sin importar si las mujeres cantaban o pronunciaban discursos. Varias decenas de jóvenes religiosos ya han amenazado con no alistarse en el ejército hasta que no se resuelva esta situación, una amenaza intolerable para gran parte de la vieja guardia del ejército israelí, curtida en los principios del nacionalismo laico, el mismo sobre el que se fundó en 1948 el Estado de Israel.
Mientras, las mujeres alzan su voz y asisten a concentraciones auspiciadas por otras organizaciones como la norteamericana “Fondo del Nuevo Israel” que aboga por la democracia y la igualdad de todos los israelíes. En los últimos días ha distribuido pancartas con eslóganes como “las mujeres tienen que ser vistas y oídas” y ya prepara, junto a otras organizaciones no gubernamentales, nuevos eventos en varias ciudades del país. Su objetivo, combatir a los sectores más extremistas del millón de ultra ortodoxos que viven en el Estado (de una población total de casi 8 millones); los mismos que rechazan su misma existencia pero con cuyos representantes sí pactan a cambio de votos y subvenciones.
http://internacional.elpais.com/internacional/2012/01/19/actualidad/1326998961_190240.html
No hay comentarios:
Publicar un comentario