Premios goya: Momentos estelares
1987. Padrinos de sangre azul
Caía la noche del 17 de marzo y un despliegue 'made in Hollywood' acordonaba el Teatro Lope de Vega. Decenas de curiosos se agolpaban deseosos de ver a sus estrellas patrias, y cómo no, a los padrinos, don Juan Carlos y doña Sofía. Pero frente al clamor popular, el sector del cine se mantenía cauto, porque... ¿qué son unos Goya sin polémica? Y es que no hubo más que anunciar la lista de nominados para encender la mecha. Goya a Mejor Música; entre los candidatos, 'El disputado voto del señor Cayo', un filme que carece de música original. Fue una gala con chispa, presentada por Fernando Rey, donde el gran protagonista, Fernando Fernán Gómez —4 goyas—, decidió seguir la línea de su película 'Viaje a ninguna parte' quedándose manta en mano en el sofá.
1988. Y llegó... para no volver
Es la primera y única vez que se ha dejado ver en unos Goya. Fernando Fernán Gómez quiso resarcirse de su ausencia en la primera edición y se encargó de oficiar el evento. Pero los inicios nunca son fáciles. Y es que la noche estuvo marcada por los espacios vacios, tanto en el patio de butacas como en el trascurso de la gala. El principal responsable: Plácido Domingo. El tenor debutaba en 'Antología de Tamayo' y más de uno, de dos y de tres decidieron acompañarle. La carcajada llegó de mano de Lola Flores, encargada de entregar el premio a Mejor Montaje. La cantante trato de explicar el término (para quien no lo tuviera muy claro): «Montaje es una cosa que yo hago muchas veces en mi vida y que ahora me lo han hecho a mí» —en referencia a su problema con Hacienda—. El triunfador fue José Luis Cuerda y 'El bosque animado'.
1989. Las majas de Almodóvar
'Guapas no seremos, pero raras, las más', gritaba Loles León al recoger su Goya por 'Mujeres al borde de un ataque de nervios'. Era el año de las chicas de Almodóvar. Sin embargo, y a pesar de los cinco goyas —incluido el de Mejor Película—, 'Remando al viento' ganó la carrera con seis. Aún así, ‘Pedroooo’ no tuvo que verlo ya que tampoco asistió a la gala, decidió centrarse en los actos previos a los Oscar. A destacar de la ceremonia, los 45 minutos de retraso y Pilar Miró, quien al entregar el premio a la mejor dirección (que ganó Gonzalo Suárez) dejó caer: «Según algunos listos, mejor hubiera sido que yo entregara el galardón al mejor vestuario» [un año atrás, la que fuera directora general RTVE tuvo que dejar su cargo por la compra de trajes con dinero público].
1990. Maura y Almodóvar, sí quiero
«Aprovecho para decirte que hemos estado en Berlín y te traigo un trozo de muro, tómalo como sugerencia de que si un muro tan espantoso, tan irracional y tan sólido como aquel ha caído, ese muro que nos separa a ti y a mí, yo creo que también puede caer de un momento a otro». Esta es la declaración de amor que Pedro Almodóvar plantaba a Carmen Maura. Imposible negarse a los encantos del manchego, la actriz no lo pensó y se dirigió a él para fundirse en un tierno abrazo. Reconciliaciones a un lado, el cine lloraba pidiendo más y se quejaba de las subvenciones... hay cosas que no cambian. Lo que sí cambió fue el peso de las estatuillas, cinco kilos menos. Fernando Trueba por 'El sueño del mono loco' fue otro de los protagonistas. Y en su línea habitual declaró: «Muchas gracias por la vergüenza que me estáis haciendo pasar esta noche».
1991. '¡Ay Carmela!'
La sonrisa de Carlos Saura chocaba de frente con el rostro descompuesto de Almodóvar. Los premios Goya del 91 bailaron al ritmo de ' ¡Ay Carmela!', que no sólo se convirtió en la triunfadora de esta edición sino que batió récords. Los artistas ambulantes de la Guerra Civil se llevaron a casa 13 estatuillas. En la otra cara de la moneda 'Átame', que optaba a 15 y se fue como llegó. El momento de tensión, o mejor dicho las horas, fue protagonizado por los periodistas. El encargado de organizar la escenografía de la gala, el director del Centro Dramático Nacional en aquel momento, José Carlos Plaza, se olvidó de reservar un lugar para prensa, que fue enviada a bastidores. Todos los periodistas tuvieron que seguir la gala a través de un televisor. Y ni hablar de ruedas de prensa.
1992. ¿Y Vicente?
Ocho veces se escuchó el título 'El rey pasmado'. Estaba entre las favoritas, fue la gran triunfadora en número de goyas, pero no la protagonista. Aunque sólo consiguió dos premios, 'Amantes', de Vicente Aranda plantó cara y acaparó focos y titulares. Pero, ¿dónde estaba Vicente? Poco amigo de este tipo de saraos, Vicente Aranda puso pies el polvorosa y nadie supo de él, mientras su película se alzaba con las estatuillas de mejor película y mejor dirección (en la imagen, el productor Pedro Costa con el premio). Fue una ceremonia sin chicha, ni chispa, donde el claro objetivo fue promocionar el cine español. Los presentadores, Aitana Sánchez Gijón y José Coronado, se tomaron muy a pecho su función y se lucieron con frases como «la gente sólo ve películas españolas cuando se las ponen en televisión» o «en vez de estar apoltronados, viéndonos a nosotros, deberían estar ahora en el cine».
1993. La coronación de Ariadna Gil
La familia del cine se pone solidaria y mostraba su apoyo a los enfermos de sida. Los lazos rojos fueron una constante en una noche con mención a Almódovar en el discurso de Fernando Rey —el manchego acababa de ganar un César y aquí no se le hacía ni caso—. Pero dejando a los habituales a un lado, Ariadna Gil fue el rostro de la ceremonia. Se consagraba así en la gran pantalla, aunque la chica no se cerraba puertas, ella quería hacer «teatro, televisión y mucho más cine». Junto a ella 'Belle époque' y Fernando Trueba que hicieron suya la noche. El director decidió no subir a recoger el premio a la mejor película y hacerlo cuando recibió el Goya al mejor guión original. «Es más cómodo, porque en el fondo no es para mí, sino para los coguionistas, Azcona y García, a los que en realidad se lo debo».
1994. El caudillo Echanove
Nominado a Mejor Actor Protagonista por 'Madregilda' y de Reparto por 'Mi hermano del alma', Juan Echanove aspiraba al doblete en una edición donde el presidente de la Academia, Fernando Rico, estuvo ausente por enfermedad y en la que Inocencio Arias se disfrazó para entregar el Goya a Mejor Maquillaje. No pudo ser, con 'ataque' de uñas incluido. Echanove sólo pudo conseguir el de actor principal por su interpretación del caudillo. Con 'gag' de por medio, Martes y Trece le entregó la estatuilla con Millán Salcedo con los pantalones caídos. Compartiendo gloria reaparecía Luis García Berlanga y se llevaba a 'Todos a la cárcel'. Arrasó ante el estupor de la mayoría de los críticos, mientras Medem y Bajo Ulloa aprendían que la veteranía siempre es un grado, al menos para los académicos.
1995. La revelación
Dos candidaturas más se suman a la lista: Mejor actriz y actor revelación. Ruth Gabriel y Saturnino García se convierten en los primeros en recibirlo. Se conmemoraba el centenario del séptimo arte y la batalla se tornaba imposible para los académicos. El veterano Vicente Aranda, el oscarizado José Luis Garci y el comprometido Imanol Uribe fueron los protagonistas de una dura terna de la que 'Días contados' (8) salió vencedora, seguida de 'Canción de cuna' (5). Las derrotadas, 'La pasión turca' y Ana Belén. La nota divertida la pusieron los cambios de vestuario. Desde Coque Malla, que apareció vestido de estrella del rock de los 70, hasta Juanma Bajo Ulloa, que se lució una camiseta de la selección brasileña con el número 11.
1996. El pleno de los Bardem
Arrasó Agustín Díaz Yanes con 'Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto' —8 goyas, incluido Mejor Película y Mejor Dirección Novel—. Aunque hubo un clan que le hizo sombra a Díaz Yanes. La familia Bardem se marcó un pleno. Miguel, Pilar, Javier. La matriarca se llevó la estatuilla correspondiente a la Mejor Interpretación Femenina de Reparto; su sobrino Miguel, al mejor corto de ficción, y su hijo, al mejor protagonista masculino. El mismo Javier Bardem bromeó: «Juro solemnemente que mi familia no ha comprado los votos de la Academia». El Goya a la mejor actriz protagonista cayó por fin en Victoria Abril, después de ocho nominaciones. Eso sí, la actriz no se presentó a la gala. Quien sí estuvo en la ceremonia, que trasladaba su sede al Palacio de Congresos de Madrid, fue la Infanta Cristina.
1997. Un tal Alejandro
Sólo contaba 23 años y se declaraba enamorado del cine de terror. Su ópera prima había dejado con la boca abierta a todo el sector y ahora este jovencito plantaba cara a la mismísima Pilar Miró. 'Tesis' frente a 'El perro del Hortelano'. El duelo se zanjó con siete goyas para cada uno, pero todas las miradas estaban puestas en él: Alejandro Amenábar, «la gran promesa del cine español», coincidía la mayoría. El precoz cineasta tenía claro lo que quería: «Hacer cine», y así lo hizo saber y constar. La academia y los allí presentes quedaron contentos con el equitativo reparto, pero más de uno echó de menos algún reconocimiento a Gracia Querejeta e Icíar Bollaín. Las malas lenguas decían que lo de cruzar el charco y no tirar para casa, no está muy bien visto en la Academia.
1998. Manos blancas contra ETA
La XIX edición se vio ensombrecida por el atentado de ETA en Sevilla, en el que acabó con la vida del matrimonio Jiménez Becerril. Los lazos negros se repartían en la entrada y las manos blancas de José Luis Borau abrieron la ceremonia. Con el dolor de fondo, 'La buena estrella', de Ricardo Franco, fue la vencedora de la noche (siete goyas, entre ellos Mejor Película, Mejor Director y guión). El cineasta, visiblemente emocionado, explicó que no se arrepentía de este proyecto. Y ahora estaba allí, junto a una embarazadísima Ángeles González-Sinde, su coguionista. También tuvo su momento un melenudo con coleta que debutaba en esto de los premios, Fernando León de Aranoa, que se llevó el Goya a Mejor Dirección Novel por 'Familia'. 'Secretos del corazón', de Armendáriz, y 'Martín (Hache)', de Adolfo Aristarain tampoco se fueron de vacío.
1999. La sombra de Garci
No es Garci, ni siquiera tiene un aire. Pero Santiago Segura, galardonado con el Goya a Mejor Director Novel fue el encargado de echar sal a una herida que aún escuece. «Que sepáis, niños, que cuando crezcáis no quiero que seáis como Torrente. Quiero dar las gracias a la Academia y a mi equipo de mensajeros». En realidad «esto es una broma», se excusó después. Edición número XIII (el mismo número de nominaciones que recibió 'El Abuelo'), y supersticiones a un lado, en la mente de todos sólo había un nombre: José Luis Garci. El director no acudió a la gala, tampoco se le esperaba. Lo había anunciado un día antes tras darse de baja como miembro de la Academia. Los rumores sobre la supuesta compra de votos y la negativa de la familia del cine a sacar un informe que le dejaba «fuera de sospecha», aseguraba el cineasta
2000. Feliz cumpleaños majestad
Con una Antonia San Juan vestida por sus enemigos y avinagrada desde que supo que el Goya al que optaba no llevaba su nombre, tuvo que ser él, Almodóvar, quien tomara la batuta por unos instantes y ejerciera de maestro de ceremonias. Su momento tuvo un protagonista de sangre azul. El príncipe Felipe, que cumplía 32 años, vio como, con una facilidad apabullante, el director de 'Todo sobre mi madre' —que arrasaba en esta edición con siete goyas— embelesaba a todo el auditorio, y comenzaba a cantarle el 'Cumpleaños feliz'. Don Felipe, lejos de incomodarse, se levantó, saludó y dio las gracias con una sonrisa de complicidad en el rostro. Fue la vencedora de la noche, seguida de cerca por 'Solas', de Benito Zambrano, con 5. Como curiosidad, ha sido la única gala celebrada fuera de Madrid, el lugar elegido, el Auditorio de Barcelona
2001. Achero Mañas y su comunidad
Está claro que taquilla y Academia rara vez van de la mano. Y la primera edición del nuevo siglo no fue una excepción. Mientras 'La Comunidad' arrasaba en los cines, tuvo que conformarse con tres galardones de los 15 a los que optaba. Algo se debía imaginar ya De la Iglesia, que acudió vestido rigurosamente de negro. Fue el equipo de Achero Mañas y su ópera prima, 'El Bola', quienes no borraron la sonrisa en toda la noche (cuatro de cinco). Mientras, Garci seguía en su casa una nueva derrota, la de 'You're the one' —película elegida por los académicos como candidata a los Oscar—. El momento más emotivo de la noche también llegó de la mano de Mañas: «Papá, allá donde estés este premio es para ti». El director puso en pie al auditorio y cuando llegó con su tercer Goya a la sala de prensa recibió una de las ovaciones más grandes de la noche
2002. Pilar le quita el Goya a Nicole
Otra de 'mosqueítos'. El niño prodigio del cine español regresaba a casa, pero con esencia americana. Grabada en inglés, con financiación extranjera y la Kidman como protagonista, las nominaciones de 'Los otros' trajeron cola. Cabreo —y de los que duran— fue el que se pilló Vicente Aranda con la nominación de la rubia australiana a Mejor Interpretación Femenina. Tal fue, que decidió no acudir a la gala. Pero él se lo perdió, porque su musa, Pilar López de Ayala, le arrebató el Goya a Nicole gracias a su magistral interpretación de 'Juana, la Loca'. Aún así, 'Los otros' de Amenábar ganó 8 goyas. Indignado estaba también Agustín Díaz Llanes tras ver como sus 13 nominaciones iniciales de 'Sin noticias de Dios' se reducían a 11 por «un defecto de forma», alegaba Marisa Paredes.
2003. 'No a la guerra'
Ni luchas de egos, ni aburridos discursos sobre la crisis del sector, ni siquiera los premios fueron los protagonistas de esta edición de los Goya. La familia del cine español se volcó de pleno con la causa antibelicista y gritó alto, y muchas veces: «No a la guerra». Las consignas contra Aznar y la intervención en Irak se fueron repitiendo mientras la ministra de Cultura, Pilar del Castillo, 'disfrutaba' del espectáculo codo con codo con Marisa Paredes. No se cumplieron en cambio las expectativas creadas por el grupo teatral Animalario, encargados de amenizar la ceremonia. Alberto San Juan y Guillermo Toledo no hilaron fino. Al final, muy pocos se daban cuenta de que Almodóvar se había iba casi de vacío con su 'Hable con ella', mientras 'Los lunes al sol' de Fernando León de Aranoa conseguía cinco goyas.
2004. La guerra de las pegatinas
Segundo año consecutivo que las películas y sus protagonistas parecen meras anécdotas en el cómputo global de la noche. En esta ocasión fue fuera del recinto ferial Juan Carlos I donde se vivieron los momentos más tensos. El hombre más buscado por seguidores y detractores: Julio Medem. Su delito: 'La pelota vasca. La piel contra la piedra'. Faltaban minutos para el arranque de la ceremonia y se declaraba la 'guerra de las pegatinas'. Miembros de Asociación de Víctimas del Terrorismo, unos 400 que llevaban horas frente al recinto, repartían unas con el mensaje «No a ETA», mientras que Medem, muchos actores y directores llevaban otras que decían 'No al terrorismo, sí a la libertad de expresión'. Finalmente fue 'Un instante en vida ajena', de José Luis López Linares, quien se alzó con el goya a Mejor Película Documental
2005. ¡Ahí llega Zapatero!
Por primera vez un presidente del Gobierno acude a la gala de los Goya. El runrún estaba en las redacciones desde hacía días y aunque no fuera oficial, se le esperaba. De negro riguroso —corbata incluida— acudió al Palacio Municipal de Congresos de Madrid junto a su mujer, Sonsoles Espinosa, vestida de Elena Benarroch. Allí fue recibido por la presidenta de la Academia, Mercedes Sampietro, y la ministra de Cultura, Carmen Calvo. Y como gran novedad, esta gala fue rápida y corta, muy corta. Casi sin dar las buenas noches Antonio Resines anunciaba el primer Goya de la noche, a la mejor dirección artística, que fue para Gil Parrondo por 'Tiovivo c.1950', de Garci, quien por supuesto no se dejó caer por el auditorio. El presentador aseguraba: «Ni presentadores ni premiados tienen guión» —puede que fuera un pequeño detalle con el presidente, ya que el lunes era día de escuela—
2006. De rosa. 'Muy romántico'
Recuperar el tiempo perdido en la edición anterior. Esa debió de ser la consigna de los encargados de los Goya 2006, que se convirtieron en unos de los más largos y aburridos que se recuerdan. El mismísimo Resines, esta vez junto a Concha Velasco, 'deleitó' a los espectadores con una insufrible gala de más de cuatro horas. Se cumplían 20 años y había que echar la vista atrás. Pero dejando los tiempos a un lado, la gran protagonista de la noche fue Carmen Calvo, mejor dicho, su traje de Ágatha Ruiz de la Prada. Rosa, muy rosa, con corazones y lazos de colores adornando los bajos del vestido. «Muy romántico», describía la ministra. Claro, que el traje azul turquesa con brillos de José Corbacho no tenía nada que envidiarle. Isabel Coixet consiguió el Goya a mejor película con 'La vida secreta de las palabras'
2007. ¡Por fin Corbacho!
Ironía, sonrisas, dinamismo. Sí, aunque parezca mentira, se trata de una gala de los Goya. Más concretamente la que corrió de la mano de José Corbacho. Sus disfraces, imitaciones, 'sketch' de la películas... imposible contener la carcajada. Fue una ceremonia con nivel, también entre los nominados. Penélope Cruz, Viggo Mortensen y Daniel Brühl, entre otros, ocupaban las butacas. Quien no estaba era Almodóvar, quien alegó motivos personales para no acudir. Aunque esta vez, él, 'Volver' y sus chicas, Penélope Cruz y Carmen Maura, consiguieron el galardón. La inocentada de la noche fue para los periodistas: al principio de la ceremonia se otorgó un goya falso a Mejor Edición Musical y toda la prensa concentrada, que ya estaba manos a la obra, picó
2008. ¡Ya era hora Maribel!
Cinco nominaciones y no llegaba. Maribel Verdú, una de las musas del cine patrio, vio cumplido su sueño. Envuelta en un mar de lágrimas, la actriz subió al escenario, abrazó a Coronado y recogió su Goya por 'Siete mesas de billar francés'. Confesó que no tenía nada preparado (por la costumbre esa de que siempre se iba de vacío) y pasó a los agradecimientos. Tras el éxito de la anterior gala, la Academia decidió confiar de nuevo en Corbacho. No fue como la anterior, pero tampoco para lanzarle tomates. Alfredo Landa recibió el Goya de Honor y no se sabe si por la emoción o los nervios, pero su discurso no hilado fue motivo de muchas especulaciones. 2008 fue el año en el que David volvió a vencer a Goliat, 'La Soledad' y su director, Jaime Rosales, se impusieron a 'El orfanato', de Bayona
2009. El ejemplo de El Langui
Fue un año complicado para el cine español, ningún filme se coló entre los 10 más taquilleros y cierto es que no se vivió la emoción de años pasados. 'Camino' con seis estatuillas fue la cara de una noche, que por supuesto tuvo su cruz. 'Los girasoles ciegos' consiguió un solo premio de los 15 a los que optaba. Uno de los momentos más emotivos de la noche corrió a cargo de El Langui, ejemplo de superación, que alzó el Goya a mejor actor revelación. También consiguieron la estatuilla Benicio del Toro y Penélope. Hubo dos protagonistas más, dos goyas: uno que se rompió y otro que se perdió, o mejor dicho secuestraron. El primero se caía al suelo nada más ser otorgado —mejores efectos especiales—.Y el segundo lo tomó prestado un crítico en paro que lo entregó a EL MUNDO. Su dueño era Albert Solé
2010. El regreso de Almodóvar
La gala llegaba a su fin y sólo quedaba el premio a Mejor Película. Nadie le esperaba, pero el hijo pródigo volvía y ponía a todo el auditorio en pie. Hasta la ministra Ángeles González-Sinde soltaba un «¡Madre mía!» al verle aparecer. Fue la ovación más larga de la noche. «Tenéis un director muy pesado. Estoy aquí porque ha insistido hasta la saciedad hasta hace dos días», decía el manchego, agradecido. Pero la noche había sido muy larga. Por primera vez, Penélope y Bardem se dejaban ver juntos —en sus butacas de primera fila—, mientras todo el equipo de 'Celda 211' se paseaba por el escenario, uno detrás de otro, de galardón en galardón, así hasta ocho. Nadie olvidará el primer año de Álex de la Iglesia al frente de la Academia, y eso que ya había advertido que éste era un punto de transición hacia un futuro mejor
2011. El 25 aniversario promete
Dos semanas antes de la noche de los Goya, se encendió la mecha, o más bien la encendió Álex de La Iglesia. El director de la Academia anunciaba que dejaría su cargo tras la gala. El motivo: la Ley Sinde. La polémica estaba servida. Días después, Icíar Bollaín, la segunda de a bordo, respondía a su 'jefe': «Ha abierto una crisis muy innecesaria y dañina». Finalmente, todo pareció zanjarse con unas elecciones y con la permanencia de De la Iglesia durante tres meses más en el cargo. Pero lo peor está por llegar. Bajo el lema 'Operación Goya', Anonymous ha convocado una manifestación a las puertas del Teatro Real. El día: el próximo 13 de febrero, antes de la ceremonia. En la imagen el cartel de la convocatoria.
http://www.elmundo.es/especiales/premios_goya/2011/momentos-estelares/index.html

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