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domingo, 28 de noviembre de 2010

ELECCIONES CATALANAS: LOS CANDIDATOS

LOS CANDIDATOS:

1. JOSÉ MONTILLA
Hay quien lleva tiempo repitiendo que, en solitario, Montilla habría salido mejor parado del balance de su presidencia. Él mismo, cuando ya no importaba quemar naves a su espalda, prometió que lo del tripartito ya pasó. Sus oponentes no le creen. Parodiado por su mal catalán -en evidente mejoría- y por su timidez, el rey del área metropolitana es consciente de las críticas que recibe y las incluye, sin pudor, en su biografía. No se esconde ni se hace el loco. Pero tampoco se altera. Es el hombre tranquilo. El Remolino, una aldea del municipio cordobés de Iznájar de unas 40 casas y huertos, desapareció bajo el agua del nuevo pantano. Durante su construcción, uno de los obreros acabó erigiéndose en férreo defensor de los derechos de los trabajadores. Así lo recuerda orgulloso su hijo, José Montilla, que también deja un espacio en su olimpo de referentes personales para su abuelo, un oficial del cuerpo de carabineros del ejército republicano durante la Guerra Civil. De El Remolino a Puente Genil y, cuando Montilla sumaba 16 años, a Cataluña. Desde allí, el Montilla mochilero recorrió toda Europa. Con los años, después de ver medio mundo, se queda con África.
En 1992, disfrutó como el que más portando la antorcha olímpica, uno de los pocos actos en los que se vió a un Montilla luciendo sonrisa-barca, de esas que no se pueden esconder.

El 18 de abril de 2004 dejó sus responsabilidades municipales para convertirse en 'el ministro catalán'. Al frente de Industria, Turismo y Comercio, desplegó la TDT y se llevó a Barcelona la sede de la Comisión Nacional del Mercado de las Telecomunicaciones. Durante esa época, fue criticado por pasarse de catalanista y también por quedarse corto, según quien le pusiera el ojo encima. Con precaución casi profética, el entonces ministro se marchó a Madrid y dejó a la familia en Sant Just Desvern para evitarles el trajín de la mudanza. Pronto estaría de vuelta.Fan de la novela negra, comparte los pocos ratos que le deja la política con sus cinco hijos. Los dos mayores, de 26 y 24 años, son fruto de su primer matrimonio con Maite. Anna, su segunda y actual mujer, le dio trillizos el 19 de mayo de 2000: Víctor, Héctor y Anna. Viven en la casa de su mujer, en Sant Just Desvern. Siempre fiel al área metropolitana. Y a sus orígenes, allá en Córdoba, donde vuelve siempre que puede. Algunos veranos le es infiel con la costa granadina. Pero sin salir de Andalucía.
2.ARTUR MAS
Cuando hay políticos que no tienen si quiera una segunda oportunidad, Artur Mas (Barcelona, 1957) está a punto de lidiar con su tercera batalla para lograr el objetivo para el que parece predestinado. Su vida y su carrera política parecen redactadas para tal fin, un guión sin máculas, un político que parece prefabricado y que, ahora sí, sólo puede tener un final: presidencia o abandono. Ha soportado siete años en el exilio de la oposición y parece que el tiempo le podría situar en el asiento que, desde que fue señalado como 'heredero' de Jordi Pujol en 2001, le estaba esperando.
La vida de 'Arturu', tal y como le conocía su círculo más íntimo, fue escrita como un renglón recto, sin obstáculos vitales por esquivar ni penurias en las que cimentar el tesón que le ha llevado hasta aquí. A falta de la historia callejera de superviviencia, el destino de Mas se forjó en las prestigiosas escuelas Aula y Liceo Francés. Avanzadas y de las pocas escuelas mixtas que existían, allí, según recuerda el propio Mas, se creó una parte importante de su "manera de ser: el trabajo, el esfuerzo, la autoexigencia y la búsqueda de la perfección". Una senda educativa que coronó con una Licenciatura en Ciencias Económicas y Empresariales que obtuvo sin entretenerse en la tensión política en las facultades en pleno Franquismo
Si un año marcó la vida del líder de CiU fue 1982. Un punto de inflexión vital y profesional. Ese año se casó con Helena Rakòsnik, con quien hablaba en castellano en los primeros años de su relación. "Mi compañera de los últimos 30 años, madre de mis tres hijos, compañera de penas y trabajos, alegrías e ilusiones con la que espero llegar al final de nuestros días". Con el mismo peinado inmaculado y sonrisa seductora -su entorno niega que se guste tanto como para autollamarse 'guapo', como su personaje en el satírico programa 'Polònia'-, asumió su primer cargo de responsabilidad en la Generalitat: director general de Promoció Comercial. La primer piedra ya estaba puesta.En 1995 entraba por primera vez en las listas de CiU al Parlament. Apenas dos años después ya encabezaba la Consellería de Economía. El resto se escribe solo. Guerra fratricida con Duran i Lleida y, por fin, candidato en firme.
3.JOAN HERRERA
El 27 de octubre Joan Herrera se despedía de su escaño en el Congreso tras seis años y medio como diputado. Hubo aplausos y reconocimientos, como marca la cordialidad, pero pocos gestos de colegueo con sus compañeros. El líder de los ecosocialistas no es hombre dado a aspavientos. Tampoco en política. Mientras el tripartito navegaba en aguas más que tormentosas en Barcelona, Herrera defendía iniciativas parlamentarias medioambientales en el Congreso. Si Saura protagonizaba algunos de los mayores escándalos del Govern, Herrera reclamaba en Madrid la Ley de la Memoria Histórica. Ahora vuelve, sin el desgaste de su predecesor, a reclamar su espacio ecosocialista en el Parlament.Aunque discreto, no le faltó espíritu de queja desde bien retoño. Cuando estudiaba en la escuela Toni Guida del barrio de Roquetes de Barcelona, una zona con fuerte presencia de familias llegadas del resto de España, montó su primer 'pollo' político. Un jovencísimo Herrera decidió llevar al terreno formal las clásicas quejas de sus compañeros sobre las viandas del comedor escolar. Diestro en Historia y flojo en Química, continuó sus estudios en el institut Joan d’Àustria de La Verneda. Ahora vive en un piso de Poblenou. Siempre lejos del centro de la ciudad.Forjado en los grupos juveniles del partido, Herrera fue escogido en 1996 Coordinador Nacional de Joves amb Iniciativa. En el años 2000 da el salto a la dirección nacional de la formación ecosocialista, primero como portavoz, luego como vicepresidente y, ya en 2008, como secretario general. El ahora candidato de ICV-EUiA a las elecciones autonómicas se ha erigido como símbolo de que el ascenso de las jóvenes e idealistas generaciones a primera línea es posible.El hombre que lucha por maridar economía y ecología en un mismo título va en bicicleta y en metro, disfruta nadando y corriendo y es culé. Como en el fútbol, a la hora de elegir un lugar donde no corra el tiempo, barre para casa, elige el Priorat y, para beber, vino del Montsant. Sobrio en el vestir y en casi todo lo que tenga que ver con exponerse, vive en pareja y tiene un hijo, Lluc.
4.JOAN PUIGCERCÓS
“quien no acceda a convocar un referendo independentista, no pactará con ERC”. Con Carod borrado del mapa, a sus 46 pretende enderezar la Esquerra en que ingresó en 1987, cuando ya había quedado atrás el pueril sueño de vivir trabajando entre birutas. Ahora busca votos entre los que hacen de labores como esa su día a día y piensan que una Cataluña independiente les haría vivir mejor. Como buen agnóstico, se labró en dos colegios religiosos: Salesianos y Carmelitas, antes de descubrir la educación pública en la Autònoma de Barcelona. Llegaría entonces la Filosofía y las Ciencias Políticas, materia gris del soberanismo que hoy pregona.Nunca se le cayeron los anillos, ni llevando bandejas, ni mezclando mortero ni haciendo de pinche, aunque el resto de su tiempo ya lo dedicara a forjar un ideario que le llevó a pulular por todos los cargos de Esquerra desde que ingresó como concejal de su Ripoll natal hasta que se convirtió en su presidente en 2008. Como otros compañeros de carrera electoral, este fondista tiró de puente aéreo durante años. Cuando el AVE no tenía alas, dejó el escaño en el Parlament para reivindicar con Tardà en el Congreso desde 2000 a 2006, año en que regresaría para, tras otros dos, entrar en el Ejecutivo de Montilla como un conseller de Gobernación que decidió dejar de serlo para mostrarse más incómodo y persuasivo desde fuera, minar la moral de Carod y tratar de arreglar el descalabro electoral de las generales de la mano de Ridao.
5. ALICIA SÁNCHEZ-CAMACHO
Apareció hace unos meses con una imagen de Obama a las espaldas y el lema 'Ilusión'. Quería convencer a los catalanes de que su PP también busca la revolución. Pero, si le preguntas, apunta a que un presidente negro en EEUU no es la revolución culminada. La auténtica cree que hubiera sido que una mujer, blanca o negra, fuera la nueva presidenta. A ello aspira esta hija de emigrantes –de Ciudad Real y Andalucía–, única candidata de la Generalitat junto a la que pudo ocupar un día su lugar, Montserrat Nebrera. Barcelona alumbró hace 43 años a Alicia Sánchez-Camacho y en Barcelona pugna por ser decisiva en la formación del próximo Govern, pero su mundo es más pintoresco, anclado al norte y siempre lo acaricia la enajenada tramontana. Entre 1999 y 2004 ya pisó el Parlament al que ahora quiere regresar. Era portavoz de los ‘populares’ en Cataluña y diputada. Los siguientes cuatro años ocupó escaño en el Congreso y, desde 2008, en el Senado. Fue el año en que se alzó presidenta del PPC, imponiéndose a su única pero bregadora contrincante, la díscola Montserrat Nebrera. Entre idas, venidas y negociaciones de pasillo se fue olvidando de un sueño que sólo recuperaría si dejase la vorágine de la política: ser arqueóloga. Por el momento, tiene aparcada la pala en favor del iPhone y el iPad, a los que confiesa aún estarse acostumbrando.
6.ALBERT RIVERA
Estos comicios desvelarán si lo de Albert Rivera fue flor de un día o si, por el contrario, la irrupción de Ciutadans en el Parlament tiene continuidad. Con sólo tres escaños al inicio -ahora dos- pero la visibilidad de ser el acicate del gobierno catalán en temas-portada, como la prohibición de los toros o el bilingüismo, el efebo de los candidatos quiere más. Es el mismo que pasó de ser la imagen del partido -tras la que elucubraban un grupo de intelectuales- a ser EL partido. Deportista y entrenado en el arte de la oratoria, el candidato más joven se enfrenta a esta campaña como a una carrera de motos en la que no sale con la 'pole'.Pero su auténtica pasión es otra. Dice que tiene el cloro en la sangre. Y la sangre le tira, embotellada en nostalgia, cuando alguna vez acude a ver un partido de waterpolo del Barceloneta, del que es socio. Su palmarés le corona como el delfín de la política catalana: fue dos veces campeón de Cataluña de natación, deporte al que se dedicó su vida de los 10 a los 18 años. Como la alta competición era dura, difícil de compaginar con sus estudios de Derecho y menos divertida que el juego en equipo, a los 18 cambió al waterpolo. Jugó en el Granollers, en segunda división nacional, hasta los 26 años. Ahora nada una o dos veces por semana. Excepto en campaña, que el reloj no le da ni para meter el dedo gordo del pie en el agua.No está casado, pero hace años que vive con su novia en un piso en La Garriga, donde es conocido por su temperamento. Aunque sólo tiene 31 años, nunca es pronto para hacer balance de fobias: un "pelín" de vértigo -aviones y rascacielos, ok, pero ni acercarse a una barandilla- y, aunque no es claustrofóbico, no se metería en una cueva demasiado estrecha. El pudor no suma, claro, para el hombre que saltó a la arena política sin miedo a enseñar sus propias carnes. A Rivera le dejaron solo en el Parlament y lo que aún está por ver es qué opina el electorado de su prueba individual.
7.JOAN LAPORTA
Joan Laporta i Estruch (Barcelona, 1962) ama los focos y ellos le aman a él. Su exitosa y polémica gestión al frente de uno de los poderes fácticos de Cataluña no sólo ha elevado hasta cotas desproporcionadas su tirón mediático, sino que ha alimentado sobremanera el gusanillo de la vida política que llevaba dentro. Tanto es así que ahora no tiene otro empeño que entrar en el Parlament, ejercer de bisagra con quien gobierne (sólo soberanistas convencidos, abstenerse el resto) y, en una muestra de que vive bañado en ambición, lograr la independencia no sólo de Cataluña sino de los Països Catalans. ¿Para qué entrar en política tímidamente si se puede hacer dando una patada en la puerta?
Que el atril se ha convertido en el ecosistema en el que se mueve más cómodo hace años que quedó demostrado. Sin ir más lejos, ha sido de los pocos presidentes azulgrana que ha probado con descaro la política, esa fruta hasta ahora prohibida para los dirigentes de una de las columnas sociales de Cataluña. Laporta no ha dudado en agitar, junto a la azulgrana, la bandera del independentismo y ha utilizado al club como instrumento de campaña entre críticas, complacientes medias sonrisas y aplausos. No sólo lo hizo sino que, con sus bravatas - “¡al loro!”- y sus salidas de tono, se ganó la simpatía de quienes ven en los tradicionales portavoces del secesionismo a unos políticos arrugados. Laporta quiere, ahora, sacar réditos a la construcción de su personaje. Tras probar suerte en 1996 con el Partit per la Independència (PI) de Pilar Rahola y Àngel Colom, ahora lidera su propio proyecto, Solidaritat Catalana per la Independència (SI), con la que promete hacer ruido desde un escaño si las encuestas se confirman.El ejercicio del poder, no obstante, ha permitido ver en Laporta a un principiante en cuanto a las formas. Ignorante de que cualquier gesto importa en la cúspide, ha protagonizado sonrojantes escenas como bajarse los pantalones en un control de aeropuerto o bien aparecer en un diario de su tan manida “caverna mediática españolista” empapado en champagne en una discoteca. La mayor huella, sin embargo, la ha dejado en su familia. En 2007, víctima de la buena vida y los contactos que le ha granjeado el Barça, se separó de su mujer y madre de sus hijos, Constanza Echevarría, y se mudó a un piso en plena Diagonal. Precisamente la familia de su esposa fue la que dañó de manera ruidosa su pedigrí como independentista. Resistió hasta que pudo los envites de prensa y críticos con su gestión por la vinculación directa de su ex cuñado, Alejandro Echevarría, con una fundación en honor al dictador Francisco Franco. Una chispa que, quizás para curar la herida, no hizo más que avivar su necesidad de mostrarse como el primero de los patriotas catalanes.. Quizás abandone al constatar que la política no es el fútbol. Sea como sea, Joan Laporta seguirá regalando titulares.


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