día mundial de la diabetes : Teñirse de azul para frenar una pandemia
Las minas antipersonas mutilan a 6.000 personas al año: la diabetes provoca un millón de amputaciones. ¿Por qué no se le tiene miedo?
No es contagiosa, se ignoran sus efectos, muchos no están diagnosticados y hay que enfocar los planes a la realidad de cada país.La ONU se ha puesto en alerta: la diabetes mata al año a 4 millones de personas en el mundo y la incidencia se multiplica. La salud está perdiendo la batalla.
Mata al doble de personas que el sida y provoca muchas más amputaciones que las minas antipersonas, pero no se le tiene miedo por es una amenaza silenciosa: no es contagiosa y no se le teme. Hemos perdido la batalla contra la diabetes y hay que cambiar la estrategia para ganarla». Mario Fetz, director de la Federación Internacional de la Diabetes (IDF), arroja datos contundentes en Estocolmo, invitado por la farmacéutica Novo Nordisk para participar en el seminario 'Changing diabetes through communication' (Cambiar la diabetes a través de la comunicación). La ONU calcula que cada año 6.000 personas son dañadas por las minas antipersona, mientras que la diabetes provoca un millón de amputaciones anuales, además de insuficiencia renales, cegueras, enfermedades coronarias, derrames cerebrales...
Todas esas complicaciones son el origen de que en 2010 mueran 20.000 diabéticos en España de 20 a 79 años, en Europa serán 630.000, y en todos los continentes 4 millones, el 6,4% de la mortalidad mundial. Estos datos, obtenidos del Atlas de la Diabetes que documentan las 200 asociaciones de 160 países que componen la IDF, y la prospección de que el número de enfermos prácticamente se duplicará en 20 años, es el detonante de la alarma que han lanzado los expertos y que Naciones Unidas ha recogido.
Tanto Fetz como Anil Kapur, director de World Diabetes Foundation, dedicada a financiar iniciativas para la prevención y el tratamiento de esta patología en países en desarrollo, quieren aprovechar el Día Mundial de la Diabetes, que se celebra hoy, para desterrar falsos mitos y un alto nivel de desconocimiento que provocan la falta de temor entre la sociedad, el elevado número de diabéticos sin diagnosticar y la dificultad para obtener recursos económicos por parte de gobiernos y organizaciones internacionales. En primer lugar, la diabetes es complicada de explicar mientras que las enfermedades contagiosas tienen la 'ventaja' de que el mero hecho de ser transmisibles les confiere una gran atención.
De esos millones de personas, el 90% sufren diabetes 'mellitus' o tipo 2: un trastorno metabólico que da la cara en la edad adulta porque el páncreas no produce suficiente insulina para mantener los niveles de glucemia normales, a menudo, debido a que el cuerpo no responde bien a la insulina. Es el tipo más común debido a la creciente obesidad y a la falta de ejercicio.Existen otras dos clasificaciones: la diabetes tipo 1, se diagnostica mayoritariamente en la infancia porque el cuerpo no produce insulina y necesitan inyectarse esta hormona a diario; y la diabetes gestacional, que se presenta en mujeres durante el embarazo.
Otra falacia que lacra el respeto a esta patología tan prevalente es que, como denuncia Kapur a 'La Verdad', «la gente sigue pensando que es una enfermedad de ricos y resulta que el gran problema está surgiendo en los países en vías de desarrollo. Cuatro de cada cinco diabéticos viven actualmente en países en vías de desarrollo». No son opiniones. El 'top ten' de los países con la mayor prevalencia de afectados (entre 20 y 79 años) en 2010 lo encabezan Nauru, con un 30,9% de diabéticos; Emiratos Árabes, 18,7%, y Arabia Saudí, 16,8%. ¿Y qué panorama se avecina? Pues en ese luctuoso 'ranking' ingresarán y subirán posiciones países tan dispares como Bahrain, Kuwait o Malasia.
De hecho, las previsiones para 2030 es que en Oriente Medio y en África aumenten el número de diabéticos más de un 90%. En el sur y este de Asia se disparará el total de afectados en un 72%, tal y como recoge el Atlas de IDF. China es la que más diabéticos tiene: cerca de 92 millones de ciudadanos.
La factura sanitaria
Los expertos citados en el seminario de Estocolmo reconocen que a la opinión pública le resulte llamativo que en países pobres o en vías de desarrollo, donde aún se pasa hambre o abunda la malnutrición, crezca con esa fuerza la incidencia de diabetes tipo 2, es decir, aquella resistencia a la insulina que se genera de adulto y que no obedece a malos hábitos de vida, como el sobrepeso y el sedentarismo.
No es incongruente: Kapur explica que confluyen multitud de factores, como trasladarse a zonas urbanas, engancharse a la comida basura o incluso emplear la mejora del nivel adquisitivo para malnutrirse.
«Los factores culturales también pesan mucho: en Nápoles un niño con sobrepeso está bien visto porque se interpreta como sano mientras que las embarazadas árabes dejan de comer porque creen que así duele menos el parto», Bo Wesley, consultor sobre salud pública de la multinacional Novo Nordisk, dedicada a la producción de insulina.
En España el 10% de los habitantes ya es diabético, y si sólo se contabiliza a los adultos, el Atlas augura que en 2030 la diabetes seguirá castigando al 8% de los españoles.
¿Qué proponen este movimiento mundial para solucionar esa escalada? Creen que si los gobiernos no se asustan por la merma de la salud de sus ciudadanos, sí tomarán cartas ante el coste que implica cuidar a los diabéticos: 105,5 millones de dólares en Europa que subirán a 124.6 dentro de 20 años, y una factura mundial de 376.000 millones de dólares que serán 490.000 millones en el año 2030.
Las asociaciones de diabéticos y las organizaciones altruistas, así como los especialistas y empresas implicados en esta patología, confían en que la cumbre de la ONU sea un punto de inflexión: para cambiar la percepción social de la enfermedad a través del impacto mediático y para lograr que se estructuren planes de prevención y tratamiento por regiones y por características culturales que logren reducir la incidencia. Las pautas para Oriente Medio no funcionarían en España ni las nuestras en Japón. Un ejemplo: un joven argelino relataba en Estocolmo su vivencia como diabético tipo 1 en su mundo. «Mi novia se horrorizaba al verme pincharme insulina porque creía que era un drogadicto y mi familia me rechazaba por no poder respetar el ayuno en el Ramadán. Dudaban de mí y de mi fe». En su caso, la lucha ha empezado por enseñar a su círculo. En Occidente la clave reside en sudar más y comer menos y mejor. Un puzzle social, cultural, sanitario y económico que requiere piezas nuevas y que empezarán a forjarse en la sede de la ONU.
El rojo ataca al sida; el rosa, al cáncer y el azul, a la diabetes. El símbolo es un círculo que significa la unidad y su color cielo evoca la bandera de las Naciones Unidas, que ha concedido a esta enfermedad más notoriedad inducida por el movimiento mundial de las asociaciones de enfermos. El próximo año la ONU celebrará una sesión sobre la amenaza de una pandemia: 500 millones de personas, 200 más que ahora, padecerán en todo el planeta un exceso de azúcar en sangre de por vida en 2030. Tantos como toda la población del Norte América. Este enemigo crece a ritmo vertiginoso tanto en países ricos como en vías de desarrollo reptando bajo la falsa apariencia de una dolencia estabilizada. Su poder es la ignorancia y el silencio; unas armas que hoy, Día Mundial de la Diabetes, afectados, expertos y fundaciones quieren demoler.
http://www.laverdad.es/murcia/v/20101114/cultura/tenirse-azul-para-frenar-20101114.html
“Encontré el Olimpo bajo mi cama” es un libro que presenta a la mitología griega bajo un punto de vista cercano. “Muchas veces ayudó una broma donde la seriedad solía oponer resistencia”, decía Platón. La novela va dirigida tanto a personas jóvenes como a personas adultas. Es para aficionados a la mitología y a quienes nunca la comprendieron. Para amantes de la literatura como para apasionados del humor. Sara González Villegas.
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