Arde París
Claudicó París. Cayó al fin la capital francesa. Al tercer intento. El definitivo. Por fin el Barça conquistó su ansiado segundo título de Euroliga, olvidadas las apreturas ante el CSKA, desquiciado un Olympiacos que en ningún momento fue rival (86-68), ensalzada la figura de Juan Carlos Navarro, MVP de la Final Four, estandarte de un equipo de ensueño que suma tres títulos de tres posibles y apunta a la ACB para cerrar una temporada histórica.
El último jalón del camino no fue tal. El multimillonario y todopoderoso Olympiacos fue un juguete roto, un sparring, un equipo entregado en un entrenamiento con mucho público. No hubo rival. No existió el contrario ni funcionaron sus arteras actitudes con el trío arbitral. De nada sirvieron las ingentes cifras gastadas en las contrataciones de los Childress, Kleiza o Papaloukas. Ninguno de ellos ni del resto de integrantes del equipo pudieron con el vendaval azulgrana.
Impecable en su defensa, la mejor durante toda la temporada, durante toda la final, impresionante en su trabajo de intimidación, de zapa, cortando las líneas de suministros, mostrando contundencia en el cuerpo a cuerpo. Desquiciados, uno tras otro los líderes del equipo del Pireo fueron sucumbiendo, dejándose llevar, sólo uno, sólo Papaloukas resistió, sólo él mantuvo al equipo dentro del partido cuando al choque se sumó el acierto de todo el cuadro catalán.
La diferencia alcanzó máximas de 14 puntos antes del descanso, con la segunda unidad en pista y un Víctor Sada estelar, antes de que el Olympiacos forzase tres minutos de presión (defensiva y arbitral) que atenazaron al Barça. Tres minutos sin anotar que no vieron bajar la diferencia más allá de los siete puntos. La última bala griega, el último paso de un camino que se inició mucho tiempo atrás, justo cuando en Can Barça decidieron dar la baja a Dusko Ivanovic.
Fue Joan Creus quien tomó las riendas en los despachos, quien decidió situar a Xavi Pascual como técnico interino, quién decidió renovarle al final de la campaña tras perder la final ante el eterno rival, quien le mantuvo en el cargo tras perder otra final, ésta ante el todavía Tau Cerámica, quien diseñó el equipo, quien apretó a Joan Laporta para que abriese el puño y permitiese la llegada de Ricky Rubio, Pete Mickeal, Boniface N'Dong, Erazem Lorbek y Terence Morris. El primero robado al Real Madrid, el segundo al Caja Laboral, los dos últimos al CSKA.
Cinco fichajes para reforzar a una plantilla excepcional, la que también llegó a la Final Four, entonces en Berlín, la que perdió contra el CSKA en semifinales. Decisiones que, en manos de Xavi Pascual, el primer entrenador español que se corona en la máxima competición continental desde Lolo Sainz en 1980, han convertido a Juan Carlos Navarro (21 puntos) en el primer MVP español de una Final Four, que han curtido aún más a Ricky Rubio y, por supuesto, que han hecho del Regal Barcelona uno de los cinco grandes equipos que se han repartido la Euroliga a partes iguales en el nuevo siglo.
http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2010/05/09/baloncesto/1273430218.html

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